Animalistes (o) humanistes…

Una de las muchísimas contradicciones que salpican este variado y variable mundo que me entesto en englobar dentro de la categoría de “izquierda” es el tratamiento de algunas tendencias y lineas de pensamiento.

Por ejemplo, para mucha gente las luchas antiespecistas, y corrientes como el veganismo son motivo de constantes críticas y burlas, al ser definidas producto de una sensiblería occidental, euroblanca, neocolonial. A menudo se acusan a los animalistas de ser indiferentes al dolor y sufrimiento de ser humanos. Cuantas veces hemos oído aquello de “defienden a perros y toros pero les importan un bledo los niños que se mueren de hambre”?

Dejemos de lado las numerosas voces de los que en realidad tienen idéntica falta de empatía por niños desnutridos y toros lanceados, y centremonos en todos aquellos que, onegeistas o izquierdistas, sí que se preocupan por los niños que mueren de enfermedad o directamente de hambre.

Su denuncia de las manifestaciones o movimientos de defensa de los animales suelen hacerse en nombre de una priorización ética entre esferas diferentes: la del humanismo universal (que se preocupa por los niños), que no entiende de latitudes ni de épocas,  y la de un occidentalismo decadente, de una sociedad individualizada que busca en las bestias el calor perdido de la comunidad (pido disculpas por la semplificación).

Una de las consecuencias de estas visión es que, por ejemplo, se consideren con respeto y aceptación acrítica prácticas de sacrificio ritual de animales como el kosher o l’halal y como “postureo” de burgueses el veganismo o el vegetarianismo. La izquierda institucional defiende la introducción en los menús escolares de carnes “puras” al tiempo que se toma a risa las propuestas de hacer lo propio con las dietas veganas.

En realidad no existen las dos esferas y la base moral de la defensa de la infancia y de la denuncia del maltrato animal es la misma.

En primer lugar, en efecto,  habría que recordar que muchas culturas, desde los orígenes de la humanidad hasta nuestros días, han considerado a los animales mucho más que simples objetos. Es más, de hecho fueron religiones monoteistas como la cristiana las que difundieron la idea del derecho de dominio de la especie humana sobre las otras. E incluso en ellas hubo corrientes que contrastaron esta visión de supremacía (san Francesco, por ejemplo).

Por otro lado la relación con la muerte y el sufrimiento humano tampoco ha sido siempre – ni lo es – la misma que tenemos hoy en día y aquí: la gente que tenía 14 hijos en situaciones de penuria lo hacía sabiendo que 10 morirían. En algunos pueblos lo natural y lógico era que los viejos se dejaran  morir para no cargar con su peso a la comunidad. El fatalismo (karma, voluntad de Dios, destino) ha sido y es la base de muchísimas creencias. Puestos a decir el único filón de pensamiento que situa la lucha contra la muerte y el dolor humano en la primera línea de los deberes sociales es una novedad parida en el seno de sociedades occidentales capitalistas, obra de  sus sectores rebeldes y antagonistas.

Humilmente opino que todo es proceso, que la humanidad, con sus valores, ideas y miedos, va evolucionando (o involucionando), y que no se tracta de encontrar lo correcto en construcciones de verdades absolutas (sean religiosas o ideológicas), si no eligiendo los valores en los que inspirar nuestras acciones individuales y colectivas-políticas.

Y si nuestros valores consisten en la lucha contra la injusticia, la dominación, la explotación como fuentes de sufrimiento lo lógico sería que compartiéramos (con todas las contradicciones y matizaciones que se quieran) y priorizáramos todas las actitudes empáticas con los seres, humanos o no, que sufren.

Está, además, el gran tema de la crisi ecológica, que la visión especista ha contribuido a crear: alimentar a la humanidad con dieta carnivora, tal como pretende el modelo dominante, lleva el mundo al colapso. Un replanteamiento, por lo tanto, de la relación con el medio y las demás especies, ya no es un assumpte de gustos o de opiniones, si no de supervivencia. En definitiva, que guste o no, el veganismo, el vegetarianismo, el antispecismo ofrecen o intentan ofrecer respuesta a los grandes problemas. No es muy inteligente considerarlas simples modas de las que reírse.

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